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Atlas of Saints

2 Macabeos

Capítulo 9 · Douay–Rheims / Challoner

Traducción en borrador de Atlas of Saints. La revisión humana sigue pendiente; pueden existir errores o cuestiones de la fuente sin resolver.

Biblia · Atlas of Saints

2 Macabeos, capítulo 9

Resumen del capítulo

¿Cómo describen de modo diferente sus perspectivas el relato del narrador y la carta de Antíoco?

El narrador presenta aflicción continua y desesperación, mientras la carta real profesa esperanza y pide lealtad al hijo nombrado.

Explicación del capítulo

Antíoco vuelve deshonrado de Persia después de intentar robar un templo y oprimir Persépolis. La multitud armada pone en fuga a su fuerza. La nota dice que Persépolis también se llama Elymais. Cerca de Ecbatana sabe lo ocurrido a Nicanor y Timoteo. Airado, planea pagar a los judíos el daño de quienes lo expulsaron, ordenando viaje ininterrumpido en carro después de amenazar con hacer de Jerusalén un cementerio común. El narrador describe el juicio del cielo impulsándolo.

Al terminar esas palabras, el relato dice que el Dios de Israel, que todo lo ve, lo golpea con una plaga incurable e invisible: dolor terrible de entrañas y tormentos interiores. El narrador lo llama justo porque él infligió nuevos tormentos en las entrañas de otros, pero su malicia continúa. Orgulloso y furioso contra los judíos, exige prisa y cae del carro violentamente móvil, magullando gravemente el cuerpo y causando dolor de miembros. No se especifican choque, mecanismo de sacudida ni miembros rotos. Quien imaginaba mandar las olas del mar y pesar las alturas de montañas es llevado en litera, manifestando el poder de Dios. Gusanos salen en enjambre del cuerpo, cae la carne y el olor perturba al ejército; nadie puede soportar llevarlo. Estas son descripciones del texto, sin diagnóstico ni afirmación de podredumbre intestinal.

Los dolores crecientes y el azote traen conocimiento de sí. Incapaz de soportar su propio hedor, dice que los mortales deben estar sujetos a Dios en lugar de igualarse a él. Ora, aunque el relato dice que no es probable que obtenga misericordia. La nota explica que su arrepentimiento se refiere a los sufrimientos presentes y no a la ofensa contra Dios. Esta anotación se conserva como su explicación de Antíoco, sin derivar una regla ilimitada sobre todo arrepentimiento motivado por miedo.

Ahora desea a Jerusalén libre en lugar de arrasada para tumbas, promete igualdad con atenienses a los judíos que había pretendido dejar sin sepultura para aves y bestias y destruir con sus hijos, promete dones y vasos santos multiplicados al templo y gastos sacrificiales de sus ingresos, y promete hacerse judío y proclamar el poder de Dios por toda la tierra. No se declaran interés compuesto ni un estado constitucional preciso. Continúan sus dolores, atribuidos al juicio justo de Dios. Desesperando de la vida, escribe a los judíos una carta suplicante.

La carta saluda a sus muy buenos súbditos judíos con salud, bienestar y felicidad, dando gracias si ellos, sus hijos y asuntos están bien. Dice que los recuerda bondadosamente pese a la enfermedad grave al volver de Persia y busca el bien común. A diferencia de la descripción desesperada del narrador, la carta profesa gran esperanza de escapar a la enfermedad. Recuerda el nombramiento paterno de un sucesor durante campañas en países superiores, para que acontecimientos o noticias inesperados no inquietaran a quienes conocían al titular del gobierno. Príncipes vecinos esperan oportunidades; ha nombrado rey a su hijo Antíoco, lo recomendó frecuentemente y le escribió. Pide a todos recordar favores públicos y privados y seguir fieles a él y su hijo, confiando en que el hijo actuará con moderación, humanidad y gracia según sus intenciones. Esto es petición y expectativa, no un juicio demostrado sobre el reinado del hijo.

El narrador concluye que el asesino y blasfemo, golpeado como trató a otros, muere miserablemente en un país montañoso extraño. No nombra aquí el país de muerte. Felipe, criado con él, retira su cuerpo y, temiendo al hijo de Antíoco, va a Egipto a Ptolomeo Philometor. No se especifican nombramiento de regencia ni relación de hermano de crianza en este capítulo.

La historia del capítulo

El robo fallido de Persépolis y las noticias cerca de Ecbatana preceden a la amenaza a Jerusalén, la aflicción y la caída. La humillación conduce a promesas y una carta. La afirmación de recuperación de la carta permanece distinta de la perspectiva del narrador; su razón sucesoria incluye estabilidad y oportunismo de gobernantes vecinos. La muerte y la huida de Felipe cierran el capítulo.

Lecciones para recordar

  1. El cuerpo es magullado, sin choque ni miembros rotos especificados.
  2. La nota de arrepentimiento se refiere a los sufrimientos presentes de este rey; no se amplía a una regla universal de perdón.
  3. Felipe retira el cuerpo y huye por miedo al hijo, sin nombramiento de regente aquí.

Pon a prueba tu memoria

¿Qué peligro de príncipes vecinos menciona la carta sucesoria?

Edición y notas de la fuente

Las explicaciones y las citas son traducciones al español realizadas por Atlas of Saints a partir de Douay–Rheims, revisión de Richard Challoner (1749–1752), Project Gutenberg n.º 1581. No proceden de una edición bíblica publicada en español. Cada cita conserva su original inglés para comparación. Las líneas corresponden al original pg1581.txt; algunas citas incluyen notas de Challoner, separadas del texto por los números de versículo.

  1. Líneas 109194–109270 del original inglés

    Traducción al español de Atlas of Saints

    9:1. En aquel momento Antíoco volvió con deshonra de Persia. 9:2. Pues había entrado en la ciudad llamada Persépolis e intentado robar el templo y oprimir la ciudad, pero la multitud, corriendo junta a las armas, los puso en fuga; y así sucedió que Antíoco, puesto en fuga, volvió con deshonra. Persépolis.... También llamada Elymais. 9:3. Ahora, cuando llegó cerca de Ecbatana, recibió noticias de lo ocurrido a Nicanor y Timoteo. 9:4. Y henchido de ira, pensó vengar sobre los judíos el daño hecho por quienes lo habían puesto en fuga. Por tanto, ordenó conducir su carro sin detenerse en el viaje, impulsándolo el juicio del cielo, porque había hablado tan orgullosamente que vendría a Jerusalén y la haría cementerio común de los judíos. 9:5. Pero el Señor, Dios de Israel, que ve todas las cosas, lo golpeó con una plaga incurable e invisible. Pues tan pronto como acabó estas palabras, le sobrevino terrible dolor en las entrañas y amargos tormentos de las partes interiores. 9:6. Y verdaderamente con mucha justicia, puesto que había atormentado las entrañas de otros con muchos y nuevos tormentos, aunque de ningún modo cesó en su malicia. 9:7. Además, lleno de soberbia, exhalando fuego en su furia contra los judíos y ordenando apresurar el asunto, sucedió, mientras iba con violencia, que cayó del carro, de modo que sus miembros sufrieron mucho dolor por una grave magulladura del cuerpo. 9:8. Así, quien se creía capaz de mandar incluso las olas del mar, siendo soberbio por encima de la condición humana, y de pesar las alturas de las montañas en una balanza, ahora arrojado al suelo era llevado en litera, dando en sí mismo testimonio del poder manifiesto de Dios: 9:9. De modo que gusanos salían en enjambre del cuerpo de este hombre y, mientras vivía en pena y dolor, su carne caía y la inmundicia de su olor era dañina al ejército. 9:10. Y al hombre que poco antes pensaba alcanzar las estrellas del cielo, nadie podía soportar llevarlo por el hedor intolerable. 9:11. Y por este medio, abatido de su gran soberbia, comenzó a conocerse a sí mismo, amonestado por el azote de Dios, aumentando sus dolores a cada momento. 9:12. Y cuando él mismo ya no podía soportar su propio hedor, habló así: Es justo estar sujeto a Dios y que un hombre mortal no se iguale a Dios. 9:13. Entonces este malvado oró al Señor, de quien no era probable que obtuviera misericordia. De quien no era probable que obtuviera misericordia.... Porque su arrepentimiento no era por la ofensa cometida contra Dios, sino meramente por sus sufrimientos presentes. 9:14. Y la ciudad a la que iba con prisa para arrasarla hasta el suelo y hacerla cementerio común, ahora desea hacerla libre: 9:15. Y a los judíos, a quienes dijo que no consideraría dignos ni siquiera de ser enterrados, sino que los entregaría a ser devorados por aves y bestias salvajes y los destruiría completamente con sus hijos, ahora promete hacerlos iguales a los atenienses. 9:16. También el templo santo que antes había saqueado prometió adornar con hermosos dones y multiplicar los vasos santos y destinar de sus ingresos los gastos de los sacrificios. 9:17. Sí, también que él mismo se haría judío, recorrería todo lugar de la tierra y declararía el poder de Dios.
    Ver original en inglés
    9:1. At that time Antiochus returned with dishonour out of Persia. 9:2. For he had entered into the city called Persepolis, and attempted to rob the temple, and to oppress the city, but the multitude running together to arms, put them to flight: and so it fell out that Antiochus being put to flight, returned with disgrace. Persepolis.... Otherwise called Elymais. 9:3. Now when he was come about Ecbatana, he received the news of what had happened to Nicanor and Timotheus. 9:4. And swelling with anger, he thought to revenge upon the Jews the injury done by them that had put him to flight. And therefore he commanded his chariot to be driven, without stopping in his journey, the judgment of heaven urging him forward, because he had spoken so proudly, that he would come to Jerusalem, and make it a common burying place of the Jews. 9:5. But the Lord, the God of Israel, that seeth all things, struck him with an incurable and an invisible plague. For as soon as he had ended these words, a dreadful pain in his bowels came upon him, and bitter torments of the inner parts. 9:6. And indeed very justly, seeing he had tormented the bowels of others with many and new torments, albeit he by no means ceased from his malice. 9:7. Moreover, being filled with pride, breathing out fire in his rage against the Jews, and commanding the matter to be hastened, it happened as he was going with violence, that he fell from the chariot, so that his limbs were much pained by a grievous bruising of the body. 9:8. Thus he that seemed to himself to command even the waves of the sea, being proud above the condition of man, and to weigh the heights of the mountains in a balance, now being cast down to the ground, was carried in a litter, bearing witness to the manifest power of God in himself: 9:9. So that worms swarmed out of the body of this man, and whilst he lived in sorrow and pain, his flesh fell off, and the filthiness of his smell was noisome to the army. 9:10. And the man that thought a little before he could reach to the stars of heaven, no man could endure to carry, for the intolerable stench. 9:11. And by this means, being brought from his great pride, he began to come to the knowledge of himself, being admonished by the scourge of God, his pains increasing every moment. 9:12. And when he himself could not now abide his own stench, he spoke thus: It is just to be subject to God, and that a mortal man should not equal himself to God. 9:13. Then this wicked man prayed to the Lord, of whom he was not like to obtain mercy. Of whom he was not like to obtain mercy.... Because his repentance was not for the offence committed against God: but barely on account of his present sufferings. 9:14. And the city, to which he was going in haste to lay it even with the ground, and to make it a common burying place, he now desireth to make free: 9:15. And the Jews, whom he said he would not account worthy to be so much as buried, but would give them up to be devoured by the birds and wild beasts, and would utterly destroy them with their children, he now promiseth to make equal with the Athenians. 9:16. The holy temple also, which before he had spoiled, he promised to adorn with goodly gifts, and to multiply the holy vessels, and to allow out of his revenues the charges pertaining to the sacrifices. 9:17. Yea also, that he would become a Jew himself, and would go through every place of the earth, and declare the power of God.
  2. Líneas 109272–109316 del original inglés

    Traducción al español de Atlas of Saints

    9:18. Pero al no cesar sus dolores (pues el juicio justo de Dios había venido sobre él), desesperando de la vida, escribió a los judíos en forma de súplica una carta con estas palabras: 9:19. A sus muy buenos súbditos judíos, Antíoco, rey y gobernante, desea mucha salud, bienestar y felicidad. 9:20. Si vosotros y vuestros hijos estáis bien y todos los asuntos os van según vuestro ánimo, damos muchísimas gracias. 9:21. Por mí, estando enfermo pero recordándoos bondadosamente, volviendo de los lugares de Persia y aquejado de una enfermedad grave, pensé necesario cuidar del bien común: 9:22. Sin desconfiar de mi vida, sino teniendo gran esperanza de escapar a la enfermedad. 9:23. Pero considerando que mi padre también, cuando llevó un ejército a los países superiores, nombró a quien debía reinar después de él: 9:24. Para que, si sucedía algo contrario a lo esperado o llegaban malas noticias, los de los países, sabiendo a quién quedaba todo el gobierno, no fueran perturbados. 9:25. Además, considerando que los príncipes vecinos y los fronterizos esperan oportunidades y aguardan cuál será el resultado, he nombrado rey a mi hijo Antíoco, a quien recomendé a menudo a muchos de vosotros cuando fui a las provincias superiores; y le he escrito lo que he adjuntado aquí abajo. 9:26. Por tanto, os ruego y os pido que, recordando favores públicos y privados, cada uno de vosotros continúe fiel a mí y a mi hijo. 9:27. Pues confío en que se portará con moderación y humanidad y, siguiendo mis intenciones, será favorable a vosotros. 9:28. Así el asesino y blasfemo, gravemente golpeado como él mismo había tratado a otros, murió una muerte miserable en un país extraño entre montañas. 9:29. Pero Felipe, criado con él, retiró su cuerpo y por temor al hijo de Antíoco fue a Egipto a Ptolomeo Philometor.
    Ver original en inglés
    9:18. But his pains not ceasing, (for the just judgment of God was come upon him) despairing of life, he wrote to the Jews, in the manner of a supplication, a letter in these words: 9:19. To his very good subjects the Jews, Antiochus, king and ruler, wisheth much health, and welfare, and happiness. 9:20. If you and your children are well, and if all matters go with you to your mind, we give very great thanks. 9:21. As for me, being infirm, but yet kindly remembering you, returning out of the places of Persia, and being taken with a grievous disease, I thought it necessary to take care for the common good: 9:22. Not distrusting my life, but having great hope to escape the sickness. 9:23. But considering that my father also, at what time he led an army into the higher countries, appointed who should reign after him: 9:24. To the end that if any thing contrary to expectation should fall out, or any bad tidings should be brought, they that were in the countries, knowing to whom the whole government was left, might not be troubled. 9:25. Moreover, considering that neighbouring princes, and borderers, wait for opportunities, and expect what shall be the event, I have appointed my son, Antiochus, king, whom I often recommended to many of you, when I went into the higher provinces: and I have written to him what I have joined here below. 9:26. I pray you, therefore, and request of you, that, remembering favours both public and private, you will every man of you continue to be faithful to me and to my son. 9:27. For I trust that he will behave with moderation and humanity, and following my intentions, will be gracious unto you. 9:28. Thus the murderer and blasphemer being grievously struck, as himself had treated others, died a miserable death in a strange country, among the mountains. 9:29. But Philip, that was brought up with him, carried away his body: and out of fear of the son of Antiochus, went into Egypt to Ptolemee Philometor.

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